lunes, 30 de noviembre de 2015

MACHINAE V: LA CABRIA O RECHAMUM

            El mecanismo usado desde la Antigüedad griega que efectúa una primera división de la fuerza en relación con el peso a mover es el torno elevador, que permite conseguir un movimiento lineal a partir de uno giratorio. El sistema está formado por un tambor, sobre el que se enrolla y desenrolla una cuerda o cable, y que puede hacer al mismo tiempo la función de eje de giro; dos soportes, que permiten mantener el eje de giro en una posición sólida y estable; y, por último, una manivela o palanca que es la que imprime el movimiento al conjunto y la que hace funcionar el mecanismo. En uno de los extremos de la cuerda se fija el peso que va a ser sometido a tracción, mientras que el otro extremo se fija al tambor. Para que el conjunto tenga ganancia mecánica y, por lo tanto, exista una reducción de la fuerza a realizar es imprescindible que el radio de la palanca o manivela sea mayor que el radio del tambor en el que se enrolla la cuerda, ya que cuanto mayor sea aquélla y menor sea éste, menor esfuerzo se deberá realizar para levantar o trasladar un mismo peso.

            Tanto la polea como el torno elevador podían usarse de forma separada o bien combinándose entre sí para conformar la cabria o rechamum, mecanismo ya descrito por Vitruvio y cuyo uso ha pervivido hasta nuestros días. Este autor describe la cabria como un mecanismo compuesto por un armazón conformado por dos vigas de madera que se ensamblan en ángulo agudo en la parte superior mediante una clavija, mientras que en la parte inferior se separan; una tercera viga hace las veces de trípode, manteniendo elevado el conjunto y dando estabilidad a la estructura; en el vértice superior del trípode se fija una polea y en la parte inferior del bastidor se instala un torno elevador; un cable, que pasa por la polea superior y va unido al tambor del torno permite ejercer tracción sobre el peso a elevar a medida que se activa el torno y el cable se va enrollando en el tambor. 

            Esta configuración de la máquina no era inalterable en su concepción estructural, aunque si en lo que se refiere a su funcionamiento. Así, en algunas representaciones de la plástica romana se pueden apreciar escenas de construcción en las que aparecen estas cabrias, cuyo tercer travesaño, el que formaría el trípode del bastidor, ha sido sustituido por unos cables tirantes fijados al suelo que mantendrían el resto del conjunto en una posición erguida y, al mismo tiempo mantendrían el espacio de trabajo en el momento del izado y del traslado del bloque totalmente despejado y diáfano.  

            A pesar de que el uso de este tipo de maquinaria de polea simple y torno elevador accionado mediante palanca debió tener un uso muy extendido y generalizado, ésta presentaba algunas limitaciones, como la altura que podía alcanzar la cabria o el peso del bloque que se tenía que elevar. Estas limitaciones, no obstante, se veían al menos parcialmente suplidas por la versatilidad de la máquina, la cual podía ser totalmente desmontada en elementos fácilmente transportables y vuelta a instalar en otro punto de la construcción a medida que ésta se iba desarrollando en extensión, o a otro nivel, cuando la construcción avanzaba en altura. 

Escena constructiva hipotética con utilización de cabria.

Imagen aérea de escena constructiva hipotética con utilización de cabria en el lado derecho de la imagen.

Escena de construcción hipotética con utilización de cabria elevadora.

Utilización de la cabria en un escenario constructivo hipotético.


Recreación infográfica de una cabria, montada y con una carga en suspensión. Nótese cómo el tercer travesaño al que alude Vitruvio ha sido sustituido por unos tirantes fijados a unos tornos. La tensión o distensión de estos cables permite la basculación  del bastidor y, por lo tanto, el izado de cargas. La altura de elevación de este tipo de maquinaria estaría limitada por la longitud de los travesaños del bastidor.
Recreación infográfica de una cabria, montada y con una carga en suspensión. 
            Las aplicaciones de la cabria o rechamum no sólo se ceñían al ámbito de la construcción, sino que sus principios de funcionamiento fueron útiles en el diseño y fabricación de otros ingenios y mecanismos que permitían el izado de cargas en otras áreas, como la carga y descarga de mercancías en relación con el comercio marítimo o fluvial. Necesariamente, cualquier puerto de cierta entidad de la época romana debió poseer entre los elementos de su infraestructura básica grúas que permitiesen de manera rápida y segura la carga y descarga de los transportes que acudían a ellos. Es difícil imaginar la cantidad y el volumen de mercancías que los estudios de la época romana atribuyen al comercio marítimo sin el necesario concurso de este tipo de ingenios mecánicos.

Escena portuaria ideal con utilización de cabrias para la carga y descarga de los barcos. 
Escena hipotética de puerto con batería de cabrias para la carga y descarga de los transportes.

Escena hipotética de puerto dotado de cabrias para la carga y descarga de mercancías.

Imagen hipotética de dos cabrias portuarias en funcionamiento.


Recreación infográfica de una cabria dotada de un sistema de poleas compuesto que permitía, por un lado, bascular el brazo elevador y, al mismo tiempo, elevar o descender el peso.

Recreación infográfica de una cabria dotada de un sistema de poleas compuesto, montada y en funcionamiento.

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